Ganadores 2025 – 2026
El jurado ha evaluado los trabajos no solo por su calidad técnica o literaria, sino principalmente por su autenticidad y adecuación al nivel del alumnado. Se han tenido en cuenta criterios como la originalidad, la coherencia interna, la resolución del problema planteado, el uso adecuado de recursos, la claridad en la exposición y la adecuación al tema del concurso que aparece en las bases del mismo. Del mismo modo, en las categorías de Música y Danza, Cómic, Narrativa y Artes Plásticas se ha tenido en cuenta la Memoria Técnica entregada en la que el concursante debía explicar su motivación, técnicas utilizadas, inspiración…
También se ha incorporado el uso de herramientas de inteligencia artificial para ayudar en el análisis forense de autoría para estimar el grado de contribución real del estudiante. A partir de este análisis, se ha dado un peso importante al nivel de autoría genuina, penalizando los trabajos que muestran una intervención externa excesiva (esto incluye una sofisticación inapropiada para la edad, una redacción académica poco creíble o una falta de correspondencia entre la propuesta y su ejecución). En consecuencia, se han priorizado los proyectos que, aunque imperfectos, han demostrado comprensión, proceso propio y capacidad real. Así, se asegura una evaluación justa centrada en el aprendizaje del alumnado y no en los recursos externos utilizados.
Estos son los trabajos ganadores:
«Desvío» de Alejandro Lázaro Traid,
por la originalidad de su propuesta narrativa y la solidez de su construcción. Destaca su prosa precisa y evocadora, así como el uso eficaz de los recursos literarios para crear una atmósfera coherente y una voz propia bien definida.
«86.000 millones de razones para no ir a Marte sin un plan» de Carla Monté Sihuro,
por la calidad de su planteamiento, rigor conceptual y notable madurez intelectual. Aborda un problema clave de la exploración espacial integrando de manera inusual neurociencia, tecnología y contexto operativo. Destaca por su claridad en la exposición, la solidez de sus argumentos y la capacidad para proponer una solución estructurada y viable basada en evidencia científica actual.
«El Cosmos también se escribe en femenino» de Nayeli Cárdenas Silva y Josué Daniel Meza Hinojoza,
por lograr el mejor equilibrio entre claridad en la exposición, calidad del contenido y autenticidad. Comunica el proyecto de forma comprensible, ordenada y destaca especialmente por su capacidad para explicar qué se ha hecho, cómo funciona y por qué es relevante, sin caer en una sobreproducción que distorsione la autoría real.
«Ceniza de estrellas» de Isabella Ballesteros Retamoso
por su creatividad y dominio del lenguaje del cómic. Destaca por una narrativa sólida y coherente, con un uso consciente de la secuenciación, el ritmo y la atmósfera. A nivel gráfico, presenta una expresividad eficaz al servicio de la historia sin caer en artificios inapropiados para el nivel educativo.
«Jaliew Mars» de Pablo Arévalo Molina y Rubén Delgado Alcázar
por ser el que mejor representa el equilibrio entre calidad técnica, complejidad funcional y, especialmente, aprendizaje real del alumnado. El proyecto no solo cumple con los requisitos planteados sino que también incorpora de manera coherente múltiples sensores y una lógica de programación bien estructurada, mostrando una comprensión profunda del sistema construido.
«Hogar» de Laura Mateo Blanco
Por ser la propuesta que mejor integra el dominio técnico, la solidez conceptual y la reflexión artística consciente, elementos fundamentales en la formación plástica del alumnado. La obra destaca por un uso muy preciso del claroscuro y el tratamiento del volumen, logrando una representación convincente y cuidada, pero, sobre todo, por estar respaldada por una memoria técnica que explica con claridad la intención, el proceso y las decisiones compositivas.
MENCIONES ESPECIALES DEL JURADO
«Astronauta multicolor en Crochet» de Analusia Estrada Pacheco,
por su originalidad al entrelazar la tradición del crochet con el imaginario espacial, creando una pieza que transforma lo artesanal en lenguaje contemporáneo. Se valora especialmente su capacidad simbólica para representar la diversidad y la inclusión, dotando a la obra de sensibilidad, significado y coherencia dentro de su nivel educativo.
«Génesis lunar» de Nikol Juanita Suarez Vargas y Katherin Sofia Mora Morales,
por la originalidad de su planteamiento y la imaginación científica que lo sostiene. Hay una idea de fondo potente, casi de astroingeniería especulativa, y eso le da personalidad propia. No es un robot genérico ni una adaptación superficial de un rover ya conocido: el grupo ha intentado pensar un sistema con un propósito concreto, e incluye una narrativa tecnológica clara y con dimensión ecológica y espacial muy marcada.
«Plutón reclama su sitio» de Jorge Maestro Ruenes,
por su originalidad al convertir un concepto científico en una alegoría sobre la identidad y la exclusión. La obra presenta un ágil manejo del diálogo, personajes bien definidos y un uso eficaz del coro que enriquece su dimensión simbólica.